"El coaching y el lenguaje del cuerpo"
La cultura occidental ha hecho del cuerpo algo inferior a la mente y da a los sentimientos una importancia menor que a la razón. Afortunadamente, todo esto está cambiando. El cuerpo es la base de la experiencia, del pensamiento y del sentimiento, de las percepciones e imágenes que usamos para vivir nuestra vida.Cuando nos comunicamos, constantemente estamos enviando mensajes corporales a nuestros interlocutores. El lenguaje del cuerpo comprende cualquier gesto, postura o movimiento que una persona emplea para comunicar su mensaje al entorno.
Si esto es así ¿qué nos dice el cuerpo del coachee en un proceso de coaching?
Tan sólo la postura adoptada por nuestro coachee al sentarse puede mostrarnos sus sentimientos, al igual que el contacto visual y la distancia física son elementos reveladores del comportamiento. El coach ha de estar especialmente atento a todas las manifestaciones corporales de su cliente: a sus posturas y movimientos, a microgestos que surgen de forma inconsciente- un balanceo del pie, golpecitos con los dedos…-También al tono de voz y la respiración.
Así pues, el coach recibe del cuerpo de su coachee, un montón de información que no puede dejar pasar y revela cuáles son en ese momento sus emociones, sentimientos y predisposición al propio proceso de coaching
En coaching ocupan un lugar privilegiado las vivencias corporales del cliente. También las del propio coach. Es mas conocido este proceso como Danza del cuerpo. Cliente y coach forman parte del mismo proceso y la actitud y corporalidad de uno influyen en la del otro.
El coaching debe crecer ampliando su enfoque e incorporando herramientas. Ampliar enfoque es considerar los tres dominios: lenguaje, cuerpo y emoción.
Lo que sigue a continuación no es una asociación de monjes tibetanos, ni de estudios orientales, es el modelo de negocio de
Este término se emplea ya habitualmente para designar un estilo de vida con rasgos propios. En los países anglosajones identifica a determinadas manifestaciones artísticas (latin music), formas de aproximación entre sexos (latin lover), etc.
Hace pocas semanas he terminado un seminario con este título “Miedo al bienestar”, desarrollado por el Dr. Julio Herrero.
La hibris (en griego ὕϐρις húbris) es un término que señala un orgullo desmedido, una confianza exagerada en la personal valía o –en el caso al que me refiero- en la propia marca. En la Grecia clásica se aplicaba a quien, en el fondo, había perdido el sentido común. Ya entonces, en el pecado estaba la penitencia. Eurípides lo dijo así: ‘Aquél a quien los dioses quieren destruir, / primero lo vuelven loco’.
En estos últimos días, como siempre que estoy en España, he charlado con varios antiguos alumnos. Venían, fundamentalmente, a solicitar orientación sobre los cambios profesionales en los que están inmersos. (Siempre he defendido que no debe haber profesores y estudiantes, sino –como mucho- profesores y alumnos, porque quienes más debemos estudiar somos los profesores. Cuando así no sucede, en la universidad pasa lo que pasa...). Pues bien, uno de los comentarios más frecuentes es la necesidad –de parte del subordinado- de encontrar referentes valiosos entre quienes gobiernan. He escuchado, una vez más, -“me he ido porque no tenían nada más que enseñarme”.
En esta Feria de Vanidades que a veces nos enontramos a nuestro alrededor aparecen periodicamente personajes, o personajillos, curiosos. Con rabiosa periodicidad nos encontramos profesionales y directivos que tienen una tremenda motivación de logro. Quieren "triunfar" por encima de todo y quieren hacerlo muy rápidamente. Creen que la felicidad les viene de la satisfacción del ego. Algún sacástico les diría "son demasiado jóvenes". En estas últimas semanas me he reencontrado con algunos casos patológicos de protagonistas de esta feria. Alguien que te cita para jaztarse del éxito que está teniendo, cuando en el fondo, se encuantra en unas circunstacias complejas. En otra ocasión ante otro personaje con una necesidad enfermiza de promocionar a un determinado nivel que, supuestamente, le dará la felicidad que no encuentra en otros órdenes de su existencia. En el fondo son los actores, más o menos secundarios, de esta feria de vanidades en la que a veces nos encontramos inmersos. 