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lunes, febrero 12, 2007

Nuevas formas de liderar

Dionisio Areopagita (llamado así porque vivió en el Areópago, Grecia) fue un filósofo neoplatónico del siglo V d.C., centrado en la naturaleza de Dios. Una de sus principales contribuciones al pensamiento fue la JERARQUÍA. Según Dionisio, Dios es la Luz que ilumina a todos los seres, que a su vez están conectados entre sí por el Amor. Pero esta Luz conoce ciertas gradaciones, de forma que la distribución de la Luz no es uniforme. La Jerarquía es un “orden santo”, según el cual junto a Dios hay tres órdenes de ángeles (serafines, querubines y tronos en el primer nivel; dominios, virtudes y potestades en el segundo; principados, ángeles y arcángeles en el tercero). Este concepto tuvo mucho éxito. De hecho, se trasladó a la Jerarquía eclesiástica y ha llegado a nuestros días como Jerarquía empresarial.
La Jerarquía, ese “orden sagrado”, obligaba a dirigir básicamente a través del “ordeno y mando”, de la fe inquebrantable en la autoridad formal y en la obediencia ciega al jefe. Sin embargo, hoy los clientes (exigentes, siempre ávidos de novedades) mandan y el talento es más escaso que el capital. En ese contexto, dirigir casi exclusivamente a través de mandar es limitado y desmotivador. Liderar, marcar la pauta, generar energía, conseguir que un equipo de trabajo dé lo mejor de sí mismo, es mucho más amplio y mucho más apasionante.
Fijémonos en Pepu Hernández, el entrenador de la selección nacional de baloncesto que tan brillantemente ha conseguido el campeonato mundial. ¿Se dedica a hacer de “general”, pegando gritos por ahí, como algunos entrenadores de fútbol? ¿Se hace el “pasota”, como otros? No. Pepu lidera sobre todo desde un enfoque, una concepción de su equipo (orientar), desde su capacidad de “hacer piña” (cohesionar), de lograr el compromiso de sus jugadores (hacerles participar) y de desarrollar uno a uno sus fortalezas y oportunidades de mejora (capacitar). Y así consigue representar magníficamente a nuestro país. A eso dedica el 90% de su agenda: mandar a través de instrucciones (por ejemplo, cuando cambia a un jugador por otro) o gestionar situaciones por sí mismo (no decirle a sus chicos antes de la final que su propio padre había fallecido, para no descentrarles) son excepciones, pero no la regla habitual, como le suele suceder a los “jefes de vieja escuela”.
¿Significa eso que la selección española de baloncesto es una especie de comuna revolucionaria, en la que las decisiones se toman en asamblea? En absoluto. De hecho, esa es la excusa de los defensores de la jefatura trasnochada. O el mando o la “melée”. En el equipo de Pepu todos saben que él es el entrenador (y saben muy bien quién es el presidente de la federación). Hay un “contrato psicológico” de implicación entre cada jugador y el Sr. Hernández. Existe una comunicación fluida, en ambos sentidos, y juegan todos (los 12, no sólo el quinteto titular), a tope, como uno solo. Ese es el modelo de Liderazgo versátil, humanista, integrador, con el que se consiguen hoy los mejores resultados.
La Jerarquía medieval es muy cómoda para el jefe que se cree omnipotente y para los “subordinados” que no desean responsabilidades, pero lastra en satisfacción y en rendimiento. Por ello, debería quedar en los libros de historia y de teología, mal que les pese a los “jefes tóxicos” que conciben su valor por sus “dotes de mando”.

1 Comentarios:

A las 2:11 PM, Leonardo E. Ravier, Ph.D. dijo...

Gracias Juan Carlos, por recordarnos una vez más que el "orden y mando" es un sistema caducado e inapropiado para nuestros tiempos.

También tenemos "contrejemplos" dentro de la historia eclesiástica que demuestran que la responsabilidad y el talento deben saber gestionarse adecuadamente. Las 95 tesis de Lutero son un claro ejemplo de cómo fácilmente un "sistema cerrado" puede equivocarse, y de cómo un simple mortal puede recibir talento "de lo alto" y actuar responsablemente según su propia conciencia.

En la historia del cristianismo hay grandes verdades para aplicar a cualquier tipo de gobierno, y se podría decir (siguiendo con este paralelismo) que hoy, las empresas tienden a parecerse mas a "iglesias" (grupo de personas con ideales, valores y creencias) que a simples "estructuras mercantiles" del dinero por el dinero.

Bien sabemos que el cristianismo y el humanismo (incluso el humanismo empresarial) podrían darse la mano en muchos sentidos (tanto en la teoría como en la práctica).

Quien sepa reconocer y retener a un "Lutero" en su empresa (con sus talentos y virtudes) se evitará grandes conflictos "eternos".

 

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