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viernes, febrero 23, 2007

¿Miedo al bienestar?

Hace pocas semanas he terminado un seminario con este título “Miedo al bienestar”, desarrollado por el Dr. Julio Herrero.

Su planteamiento me ha llamado poderosamente la atención, ya que parte de la premisa de que muchas personas se instalan en el sufrimiento y en el malestar por costumbre (“siempre ha sido así”), por modelos (principalmente familiares), por creencias limitantes (“estamos en este mundo para sufrir…”), por obtener beneficios o una ganancia secundaria (“estando malo, triste, fastidiado llamo la atención, así me cuidan y me preguntan, doy pena, etc.)

Ejemplos hay muchos. Entre la población adulta que va al medico a que les receten pastillas uno dice “qué mala noche he pasado” y otro contesta “pues yo peor, déjame que te cuente…”; “yo tengo ya 5 operaciones” y otro contesta “pues yo 7, fíjate, te gano…”. Entre los ejecutivos, uno dice “llevo 2 años sin poder coger las vacaciones seguidas” y otro contesta “pues yo 3 y, además, me llaman a las 22,00 h. a casa y tengo 2 de baja en el equipo…”; “tengo un jefe que…” y otro contesta “pues si te cuento el mío…”

Es curioso verdad, aunque quizá más bien sea triste. Es como si peleáramos, compitiésemos por estar peor, es como si vendiese, “mola” estar mal (vamos de sacrificados, de resignados, de currantes, de “victimas” en definitiva…)

La buena noticia es que podemos trabajar por estar y sentirnos en el bienestar. No siempre es cómodo y, desde luego, requiere de trabajo y esfuerzo. Ahora bien, el esfuerzo merece la pena y el resultado, sin duda, es más gratificante que el malestar.

Se trata básicamente de creernos que podemos conseguirlo y de querer hacerlo. Lo primero que tendremos que hacer es querer salir del malestar (por cómo y paradójicamente recompensamos que nos sintamos), reconocer incluso que estamos en el. Además habrá que tomar decisiones (decir “no” y “basta” a algunas cosas y personas, y decir “si”, “quiero” y “puedo” a otras). Tener una misión personal y una visión de futuro retante e ilusionante ayuda, así como cuidarnos (física y emocionalmente) y ser realmente coherentes y dedicar tiempo a nuestros principales valores. Buscar cierta espiritualidad (no necesariamente por la vía religiosa, aunque sea perfectamente válida para este fin); se trataría de pensar y hablar de vez en cuando del mundo, de nuestro papel en el mismo, de conversar profundamente con amigos y no solo hablar de fútbol, del tiempo y de trabajo (por muy noble e interesante que esto pueda ser)

El Dr. Herrero (al igual que otros muchos autores que hablan del bienestar y a felicidad), también habla de afrontar de cara, sin miedo aunque con el mayor de los respetos, el tema de la “muerte” (de los demás y, sobre todo, la nuestra propia)

Se trata de un camino, de un viaje, que hay que iniciar y que quizá nunca termine. La clave está en el disfrute del proceso, en el camino y, quizá, en las pequeñas cosas del aquí y el ahora. Quien llegue al final, por favor, que escriba en este BLOG y nos cuente… ¡Feliz viaje!

2 Comentarios:

A las 2:12 PM, Leonardo E. Ravier, Ph.D. dijo...

Ovidio, periódicamente visito vuestro blog porque incentiváis mi intelecto, me hacéis razonar, y así clarifico mis ideas o pensamientos para luego aplicarlas en mis entornos laborales y personales.

Creo que ofrecéis dos tipos de “diálogos”. Uno con nosotros mismos (cuando leo, reflexiono y escribo), y otro con cada uno de vosotros (los que leéis los comentarios) aún cuando muchas veces las respuestas queden en el interior y no se expresen.

Creo que en tu comentario sobre el “miedo al bienestar” existe un razonamiento complementario que puede resultar útil a la hora de analizar esta realidad.

El pensamiento es:
“Todo lo que hacemos, aún cuando nos perjudique a corto o largo plazo, lo hacemos porque entendemos que tenemos un beneficio con ello”.

El “miedo al bienestar” tiene una lógica, y es que me gusta estar en mi zona de confort, y todo lo que sea una amenaza para esta realidad me supone “temor”. Este es el “bienestar” o beneficio del “miedo al bienestar”: quedarme como estoy.

Todo cambio supone siempre una tensión entre “mi persona” y “mi entorno”. La víctima busca mantener su “bienestar” culpando al “entorno” sobre su realidad (y aunque la realidad sea penosa, él sentirá bienestar por sentirse “inocente” frente a ella). El protagonista busca su “bienestar” responsabilizándose de sus decisiones y enfrentándose al deseo de sí mismo de no querer moverse. Y sin ser “culpable” éste comprende que puede responsabilizarse de su situación (aún de su propia muerte).

Alguien me dijo alguna vez que este tipo de “juegos internos” son imposibles de llevarlos al plano de la realidad, y que tienen poco sentido práctico y de aplicación en nuestra vida profesional. Lo que nos cuesta entender es que la “teoría y la práctica” son dos caras de una misma moneda. La teoría siempre es superior a una “realidad concreta” en el sentido de que en ella se encuentra una análisis global de “muchas prácticas diferentes” y que por ello consigue darnos “sabiduría” para el día a día.

Gracias por vuestro blog, gracias por escribir, porque estos veinte minutos que me detengo a pensar lo debo a vuestros “inputs”.

 
A las 8:28 AM, Leonardo Esteban Ravier, Ph.D. dijo...

Creo que en tu comentario sobre el “miedo al bienestar” existe un razonamiento complementario que puede resultar útil a la hora de analizar esta realidad.

El pensamiento es:
“Todo lo que hacemos, aún cuando nos perjudique a corto o largo plazo, lo hacemos porque entendemos que tenemos un beneficio con ello”.

El “miedo al bienestar” tiene una lógica, y es que me gusta estar en mi zona de confort, y todo lo que sea una amenaza para esta realidad me supone “temor”. Este es el “bienestar” o beneficio del “miedo al bienestar”: quedarme como estoy.

Todo cambio supone siempre una tensión entre “mi persona” y “mi entorno”. La víctima busca mantener su “bienestar” culpando al “entorno” sobre su realidad (y aunque la realidad sea penosa, él sentirá bienestar por sentirse “inocente” frente a ella). El protagonista busca su “bienestar” responsabilizándose de sus decisiones y enfrentándose al deseo de sí mismo de no querer moverse. Y sin ser “culpable” éste comprende que puede responsabilizarse de su situación (aún de su propia muerte).

Alguien me dijo alguna vez que este tipo de “juegos internos” son imposibles de llevarlos al plano de la realidad, y que tienen poco sentido práctico y de aplicación en nuestra vida profesional. Lo que nos cuesta entender es que la “teoría y la práctica” son dos caras de una misma moneda. La teoría siempre es superior a una “realidad concreta” en el sentido de que en ella se encuentra una análisis global de “muchas prácticas diferentes” y que por ello consigue darnos “sabiduría” para el día a día.

 

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