
Un reciente artículo de Julio Arias nos habla de la anomia moral China. Hace más de medio siglo, Mao Tse Tung sustituyó los valores imperiales por los de la revolución cultural. En los años 90, los dirigentes del Partido “soltaron finalmente las amarras normativas e ideológicas que sostenían a la sociedad”. El resultado actual es una enorme pérdida de valores en el coloso de Extremo Oriente.
En esta parte del mundo, uno de los últimos números de la revista de AEDIPE (la asociación de directores de RRHH) en Catalunya se centra en la inexistencia de valores entre los empleados. Anomia: un concepto creado por el sociólogo Emile Durkheim (en su estudio acerca del suicidio), según el cual una persona se desvincula tanto que pierde el sentido de la vida. Es, al parecer, lo que pasa con muchos mendigos. Son, según el psicólogo Claudio Naranjo, gente aislada que al no tener suficientes vínculos sociales, pierde su sistema de valores.
¿Somos, en consecuencia, una “sociedad de mendigos”, en la que escasean los valores? Ciertamente, la gran mayoría de las personas no se atreve a comprometerse porque siente que hacerlo no le lleva a ninguna parte. Y, por tanto, entran en lo que Víctor Frankl, el psiquiatra vienés que sufrió los campos de concentración, llamó “la neurosis del sinsentido”. Citando a Naranjo: “El mundo moderno resulta frío, científico, mecánico y abstracto”.
Necesitamos re-aprender a convivir porque, como señala mi admirado José Antonio Marina en su último libro, “la calidad de nuestra vida va a depender del sistema de relaciones que consigamos establecer, y trenzarlo bellamente es el arte supremo”.
Necesitamos (cada uno de nosotros, individual y colectivamente) un proyecto creador para poder dar lo mejor de nosotros mismos. Hemos de dotarnos de valores que sean los cauces para alcanzar ese proyecto, y educarnos afectivamente para comportarnos según valores. También en esto me identifico con JAM: “Moral significa el sistema normativo de una cultura, su jerarquía de valores, sus costumbres, sus modelos de personalidad o de sociedad, En cambio, entiendo por ética una moral transcultural, es decir, que pueda universalizarse”.
Las organizaciones que definen y “viven” sus valores son las que perduran. Las anómicas (que se creen esas falacias de Milton Friedman de que basta con maximizar el beneficio) se conducen al suicidio empresarial. En los equipos (empezando por el Comité de Dirección) es imprescindible que se analice la coherencia de su comportamiento con los valores corporativos y se establezcan reglas de compromiso, unos principios de actuación aceptados por todos sus integrantes para la convivencia.
Volviendo a China, el Presidente Hu Jintao presentó en la última sesión de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino su “concepto socialista del honor y la deshonra”, con ocho principios: ama a la patria, no la dañes; sirve a tus conciudadanos, no les perjudiques; apoya la ciencia, no seas ignorante; trabaja concienzudamente, no seas perezoso; sé solidario: no busques tu propio beneficio a costa de otros; sé honrado y no busques ganancias a costa de tus valores; sé disciplinado y obedece las leyes: no seas caótico ni desobediente; aprende a vivir sencillamente y a apreciar el valor de las cosas, no te revuelques en lujos y placeres. Hay esperanza para China… y para todos nosotros.