Uno no puede ser mejor líder que persona
El liderazgo no es una careta que nos pongamos a las nueve de la mañana y nos podamos quitar cuando termina nuestra jornada laboral. Cuando hablamos de liderar (en el sentido de influir, en todas las direcciones, empezando por uno mismo, buscando el desarrollo e influencia positiva en los demás), irremediablemente nos referimos a una serie de valores personales, como la humildad, generosidad, ilusión, pasión, credibilidad, visión y otros muchos que son esencia del ser humano, no de caretas o disfraces que nos podamos poner a voluntad.
Si esto es así y queremos liderar más y mejor, deberíamos dedicar más tiempo a mejorar como personas (como padres, como hijos, como familiares, como vecinos, como amigos, como profesionales) y no tanto a intentar fingir y aparentar lo que no somos en el fondo, por muy de moda que esté o políticamente correcto que sea.
No conozco buen líder que sea mala persona. Los que de verdad son “buena gente” influyen y lideran mucho en los demás, aunque muchas veces ni lo busquen, ni lo persigan.
