Más de lo mismo en la Retribución de los futbolistas: ¿Hasta cuándo?
La retribución de estos profesionales ha sido siempre motivo de debate entre los ciudadanos. Para una persona media, que según el INE cobra una retribución bruta anual de 17.742 euros, es incomprensible que por “dar patadas al balón” un jugador perciba las cantidades que gana.
Esto no es algo nuevo. En 2001, se producía el fichaje más caro en la historia del fútbol al desembolsar el Real Madrid 13.000 millones de pesetas por Zidane. En la prensa apareció un artículo titulado: “¿Vale un futbolista 13.000 millones?”.
Pudieran parecer cifras astronómicas, pero eso mismo ocurrió en 1982 cuando Maradona fichó por el Barcelona en una operación millonaria sin precedentes (7,3 millones de dólares, 1.200 millones de pesetas) que la prensa calificó con un titular: “Maradólar”.
En 1973, cuando Cruyff fichó por el club culé, la historia fue similar. 120 millones de pesetas se pagaron por su traspaso. El diario Informaciones titulaba la noticia: “Una monstruosidad”; y añadía: “¿Hay algún futbolista por valioso que sea que valga este dinero?”.
Más ejemplos. Por Di Stéfano, en 1953, el club merengue pagó 5,5 millones pesetas, algo insólito en aquella época; o en 1930, el fichaje de Zamora por los de Chamartín por 150.000 pesetas, supuso una revolución. En la época del Franquismo, los futbolistas eran catalogados como los “esclavos de oro”.
¿Qué problema hay en que un futbolista perciba cifras tan altas? Ninguno, si se lo gana.
Alfredo Sáez cobra 6 millones de euros de nómina (el galáctico de la banca) y todavía no he escuchado a ningún accionista quejarse. El SCH ocupa el puesto 19 en el último ranking Forbes de las mejores empresas del mundo.
Xavier Sardá, antes de dejar Crónicas Marcianas ganaba 7 millones de euros anuales. Tampoco oí a ningún directivo de Telencico poner pegas. El late night estuvo 8 años seguidos en parrilla como líder de audiencia con 1.285 programas en directo.
Ningún aficionado se queja de lo que cobra un futbolista si la pelotita entra. Todavía no he oído a nadie quejarse de lo que cobra Etoo, Ronaldinho, o Messi..., pero lo harán si las tornas cambian. Lo puse en este mismo blog en otra ocasión y quiero insistir en ello: “El problema no es el cuánto, sino el cómo. Pienso que a los aficionados no les importa que los futbolistas ganen mucho, sino que ganen lo mismo cuando juegan bien y ganan títulos, que cuando se instalan en la rutina y alcanzan un rendimiento inferior al esperado”.

La artrosis organizativa se extiende en aquellas instituciones que creen que las definiciones del originario promotor son insuperables, y consideran como traidor a cualquiera que aporte savia nueva. Los directivos que ocupan cargos asumen lo que puede denominarse ‘pensamiento grupal’ que es, más bien, un modo de no pensar.
En alguna reunión de trabajo, al dar una opinión sobre un caso concreto, normalmente en el ámbito de la gestión de personas, seguramente habré dicho con toda naturalidad: “Mi maestro me enseñó que esto...”, no sin sorpresa de alguno de mis compañeros, que probablemente pensara que estaba bajo el influjo de una adicción excesiva a la trilogía de la Guerra de las Galaxias.
