
En los últimos tiempos, tres Escuelas de negocios españolas han cambiado de director. En las tres, el resultado del nombramiento –por diversos motivos- ha sido un fiasco notable. La reacción de dos ha sido inmediata: proceder al relevo. La tercera, sin embargo, sigue empecinada en el error. En poco tiempo han disminuido a una quinta parte los alumnos, han cerrado la mayor parte de los programas, se ha despedido a buenos profesionales... Sin embargo, se mantiene al responsable de los desastres en el timón de la Escuela. Los alumnos, los profesores, los empleados... no entienden. Quienes no somos sino espectadores, tampoco. La culpa no es sólo del mal directivo, sino de quienes consienten los daños infligidos por él. Que esa persona, además, acuda a otras empresas buscando trabajo mientras denigra a la suya resulta rocambolesco. Gracias a Dios la mayor parte de los responsables de Alta Dirección son más ágiles en resolver las equivocaciones cometidas con nombramientos desacertados. Una de las consecuencias de las inercias cobardes es lo que tarda una organización en recuperar el buen nombre perdido.
1 Comentarios:
Pedro:La cuestión de fondo, desde mi punto de vista, es si los actuales programas de las Escuelas de Negocios responden a las necesidades de las empresas. Junto con otras personas ,estoy interviniendo en una de ellas en un espacio que llamamos "de pensamiento".Nos hemos encontrado con que no hay pensamiento.
Un saludo, Carlos Herreros
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