
Las perversiones en los sistemas de evaluación son múltiples y tan complejas y oscuras como a veces llega a ser la mente humana. El otro día en uno de mis clientes nos encontramos ante una curiosa perversión de las evaluaciones ascendentes. Los buenos salían mal y los malos salían bien. ¿Cómo es posible? Los muy malos, incluso perversos, que gestionaban muy mal a su gente (falta de respeto, falta de ética, despreocupación por las expectativas de los miembros de su equipo, etc.), dictaban las evaluaciones que sobre ellos tenían que hacer sus colaboradores. Evidentemente el dictado era muy positivo y, curiosamente los muy malos (auténticos black holes -agujeros negros según Daryl O'Conner-) salían como magníficos directivos. Por otra parte, aquellos directivos muy buenos, esto es que discriminaban, corregían, se ponían frente a sus colaboradores y les decían lo bueno -y también lo malo-, salían regular. Y salían regular porque siempre hay un porcentaje de empleados que aprovechan los procesos de evaluación ascendente como armas de revancha contra aquel jefe que le exige, le modela y le corrige. Y eso siempre es duro y requiere de la madurez de las dos partes. Esta reflexión nos lleva nuevamente al debate sobre los sistemas subjetivos de evaluación y hasta qué punto es preciso asegurar que la organización tiene la suficiente madurez antes de lanzarse en su implantación, no sea que al final los buenos sean malos y los malos buenos.
0 Comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
<< Inicio