Al funcionario que funcionó
Esta frase, tomada de una antigua viñeta de Forges, sirve para abrir mi breve reflexión sobre los cambios que se avecinan en los sistemas de gestión y en las relaciones profesionales dentro de la Administración Pública.
Desde hace años, están en marcha distintas reformas que intentan mejorar los niveles de eficiencia en los Cuerpos de la Administración. La sociedad es muy sensible a estas mejoras, que relegan al baúl de los recuerdos el “vuelva Vd. mañana” con el que tradicionalmente se ha caracterizado a la Función Pública en España.
Los funcionarios de las administraciones con las que trabajo también valoran desempeñar su actividad en un entorno que goza de un creciente prestigio social y en el que los recursos son utilizados de una manera más racional. Algunos, sin embargo, no dejan de manifestar su inquietud por el modo en que les pueden afectar algunas tendencias, como la mayor externalización de servicios, la correlativa contención en la oferta de empleo público y, más recientemente, la vinculación de su retribución y de la asignación de destino a sus niveles de desempeño: ya no basta con la antigüedad.
Todos estos cambios expresan el nivel de modernización de un país. En España los hemos percibido en muchas administraciones, entre las que tengo que citar a una que me parece ejemplar: la Tesorería General de la Seguridad Social.
Desde hace años, están en marcha distintas reformas que intentan mejorar los niveles de eficiencia en los Cuerpos de la Administración. La sociedad es muy sensible a estas mejoras, que relegan al baúl de los recuerdos el “vuelva Vd. mañana” con el que tradicionalmente se ha caracterizado a la Función Pública en España.
Los funcionarios de las administraciones con las que trabajo también valoran desempeñar su actividad en un entorno que goza de un creciente prestigio social y en el que los recursos son utilizados de una manera más racional. Algunos, sin embargo, no dejan de manifestar su inquietud por el modo en que les pueden afectar algunas tendencias, como la mayor externalización de servicios, la correlativa contención en la oferta de empleo público y, más recientemente, la vinculación de su retribución y de la asignación de destino a sus niveles de desempeño: ya no basta con la antigüedad.
Todos estos cambios expresan el nivel de modernización de un país. En España los hemos percibido en muchas administraciones, entre las que tengo que citar a una que me parece ejemplar: la Tesorería General de la Seguridad Social.

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