Dicho y hecho
En noviembre del pasado año, en este mismo blog, publiqué una aportación “Dejar un legado” donde explicaba la intención del inversor Warren Buffet, con un patrimonio de unos 44.000 millones de dólares, de ceder gran parte de su fortuna a fundaciones y organizaciones de ayuda, siguiendo la estela que en este sentido había marcado su amigo Bill Gates junto a su esposa Melinda.
Siete meses después podemos comprobar cómo aquellas intenciones se han convertido en esperanzadoras realidades. Por un lado, Gates anunciaba hace unos días una decisión que para él quizás suponga una renuncia muy superior a cualquier cheque o donativo: dejar definitivamente el rumbo de Microsoft en manos del CEO Steve Ballmer para dedicarse por completo junto a su padre y su esposa a dirigir la Bill & Melinda Gates Foundation (http://www.gatesfoundation.org/default.htm)
Por otro lado, ayer mismo Buffet entregaba en un acto público a Gates un cheque de 31.000 millones de dólares para su Fundación, lo que representa gran parte de su fortuna, además de repartir un importante volumen de acciones de su querida Berkshire Hathaway entre varias fundaciones, la mayor donación en la historia de la humanidad a la mayor organización caritativa de la historia de la humanidad.
Al conocer la noticia, he recordado varios pasajes de la obra clásica “El hombre en busca del sentido” de Víctor Frankl, especialmente dos. El primero de ellos es su reflexión sobre los guardianes de los campos de concentración, decía Frankl que ni todos eran seres diabólicos ni todos los prisioneros eran ángeles, y lo relaciono con la frecuente tendencia a pensar en la avaricia del rico y la generosidad del pobre, algo que, como en este caso, y en otros quizás, no siempre se cumple.
Pero más aún me he acordado de la escena en que los prisioneros del campo de concentración están observando frente a su barracón un hermoso y anaranjado atardecer y uno de ellos le comenta a otro: “¡qué hermoso podría ser el mundo!”.
De vez en cuando, un pequeño gesto de solidaridad cotidiana, y también porqué no, estos grandes gestos, nos ayudan a mantener la esperanza en la humanidad, y esa esperanza es el combustible inagotable de un mundo, cada día, un poco mejor para todos.
Siete meses después podemos comprobar cómo aquellas intenciones se han convertido en esperanzadoras realidades. Por un lado, Gates anunciaba hace unos días una decisión que para él quizás suponga una renuncia muy superior a cualquier cheque o donativo: dejar definitivamente el rumbo de Microsoft en manos del CEO Steve Ballmer para dedicarse por completo junto a su padre y su esposa a dirigir la Bill & Melinda Gates Foundation (http://www.gatesfoundation.org/default.htm)
Por otro lado, ayer mismo Buffet entregaba en un acto público a Gates un cheque de 31.000 millones de dólares para su Fundación, lo que representa gran parte de su fortuna, además de repartir un importante volumen de acciones de su querida Berkshire Hathaway entre varias fundaciones, la mayor donación en la historia de la humanidad a la mayor organización caritativa de la historia de la humanidad.
Al conocer la noticia, he recordado varios pasajes de la obra clásica “El hombre en busca del sentido” de Víctor Frankl, especialmente dos. El primero de ellos es su reflexión sobre los guardianes de los campos de concentración, decía Frankl que ni todos eran seres diabólicos ni todos los prisioneros eran ángeles, y lo relaciono con la frecuente tendencia a pensar en la avaricia del rico y la generosidad del pobre, algo que, como en este caso, y en otros quizás, no siempre se cumple.
Pero más aún me he acordado de la escena en que los prisioneros del campo de concentración están observando frente a su barracón un hermoso y anaranjado atardecer y uno de ellos le comenta a otro: “¡qué hermoso podría ser el mundo!”.
De vez en cuando, un pequeño gesto de solidaridad cotidiana, y también porqué no, estos grandes gestos, nos ayudan a mantener la esperanza en la humanidad, y esa esperanza es el combustible inagotable de un mundo, cada día, un poco mejor para todos.

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