Mi Maestro
En alguna reunión de trabajo, al dar una opinión sobre un caso concreto, normalmente en el ámbito de la gestión de personas, seguramente habré dicho con toda naturalidad: “Mi maestro me enseñó que esto...”, no sin sorpresa de alguno de mis compañeros, que probablemente pensara que estaba bajo el influjo de una adicción excesiva a la trilogía de la Guerra de las Galaxias.La verdad es que tengo la suerte de haber tenido Maestro (con mayúsculas). Fue mi jefe cuando tenía apenas dos años de experiencia en el mundo laboral, y de algún modo, a través de varios roles y organizaciones, aún me sigue acompañando. Él me adiestró en los fundamentos clave del mundo de la gestión de personas, y, con su ejemplo, fui capaz, espero, de formarme como profesional no sólo con relativa competencia, sino con preocupación hacia la persona en todas sus dimensiones.
Recuerdo en un congreso de Aedipe recorrer las butacas y oir a varios directivos de RR.HH. decirle, “hombre Maestro, ¡qué alegría verte!”, y recuerdo haberme preguntado, “porqué le llaman a mi jefe “maestro”?.
Hay dos tipos de profesionales: los que han tenido la suerte de tener un Maestro en su etapa de iniciación laboral, la que realmente marca y modela para siempre, y los que han tenido un jefe convencional. Creo que esto deja una traza indeleble. Aún, cuando me enfrento a una situación especialmente conflictiva (como siempre desde el lado humano), me pregunto: ¿qué habría hecho Roberto?.
Pues sí, Roberto Albáizar fue mi maestro en este azaroso mundo de la gestión de personas. Aunque ya está jubilado continúa con la agenda repleta, coordinando actividades para una conocida entidad solidaria en Madrid.
No sé si era mentoring, counselling o coaching, pero gracias Maestro por haberme ayudado a descubrir, aunque sea en una primera e inmadura etapa de autodesarrollo, quién soy o quién puedo llegar a ser (o quizás mejor aún, quien no quiero llegar a ser).

1 Comentarios:
Los pocos Maestros que conozco se distinguen por su alto nivel de conocimiento técnico específico, completado con un amplio bagaje cultural. Por su voluntad de transmitir. Por su exquisitez humana, reflejada en el trato adecuado de personas.
Enriquecen a todos los de su alrededor, aunque a su lado, pueda parecer que son ellos los que aprenden. Aportan no sólo con sus reflexiones, también con su vida.
Es necesario, por otra parte, cierta sensibilidad para detectarlos, porque muchos pasan por su lado sin reparar en su gran capacidad técnica y humana.
Considero, al igual que Carlos, una fortuna encontrar un Maestro, con mayúscula.
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