Sobre la revolución del conocimiento
Vivimos tiempos impredecibles. Tiempos de zozobra e incertidumbre. No hay nada fijo ni seguro. Quizá estemos viviendo el momento más trascendental de nuestra historia, al borde de una nueva era capaz de transformar nuestras más arraigadas creencias. Momentos como el la revolución industrial de hace un par de siglos, incluso el Renacimiento, pueden compararse a esta nueva etapa que afrontamos. Pero con una salvedad, las redes de comunicación y las tecnologías actuales reducen a cuestión de minutos la divulgación y extensión de cualquier nueva idea, lo que confiere a esta “revolución” un carácter global, además de vertiginoso.Si tuviésemos que buscar un referente histórico, de similar magnitud e impacto, deberíamos retroceder hasta el siglo XV, y concretamente al año 1450, fecha en la que se sitúa el descubrimiento de la imprenta por alemán Johann Gutenberg. En aquella época, en poco más de medio siglo, más de dos millones de libros se distribuyen en toda Europa y de pronto, hay una gran cantidad de personas que saben de otras experiencias y de otros lugares de los que no sabían absolutamente nada; el impacto de este hecho es el comienzo de la modernidad. En cuanto se ponen en contacto gente con conocimientos y se comparten experiencias, nace la modernidad. Se produce un cambio cualitativo en la organización social y del trabajo y en la historia de la propia especie humana.
En estos momentos, se está produciendo un fenómeno similar. Inauguramos la era de la sabiduría, del conocimiento, se asegura, y hablamos de revolución porque la nueva situación supone una transformación radical en el estado de las organizaciones y genera un efecto de revolverse contra la situación anterior.

3 Comentarios:
Comparto 100% la descripción sobre la revolución del conocimiento. Para profundizar un poco más la idea, pregunto: ¿Existe actualmente una verdadera revolución del conocimiento, o simplemente una revolución de la información y de su gestión?. Si existe una verdadera revolución del "conocimiento", ¿Estamos, nosotros, los empresarios y gobernantes preparados para "asimilar" este conocimiento?.
Si el conocimiento que en la era de Gutemberg, dio pie al cambio y al desarrollo, tuvo que ver con el acceso y asimilación del conocimiento bíblico monopolizado hasta el momento por la iglesia... siguiendo con la analogía ¿Qué tipo de conocimiento está asimilando el mundo que nos acerca más a la sabiduría?... Llegaremos, nosotros, los emprendedores, empresarios y gobernantes (en el sentido más extensivo de la palabra) a ser verdaderos "sabios". En la "era de la sabiduría" deberían surgir "sabios"... Quizá sea el momento de preguntarnos cómo gobernar con sabiduría. Esta realizdad radica en que la sabiduría (DRAE: Grado más alto del conocimiento) trasciende al conocimiento (DRAE: Acción y efecto de conocer). Y la revolución del conocimiento devendría en el comienzo de esta era de la "sabiduría".
Es curioso que en este punto, los "gurús" americanos y europeos caminan en la misma línea. Pensadores de aquí y de allí llegan a las mismas conclusiones.
Leonardo E. Ravier, Ph.D.
Interesante reflexión, Leonardo.
En mi opinión, la sabiduría no se basa únicamente en el conocimiento, sino en la capacidad de la persona para utilizar ese conocimiento o información que le llega (en estos tiempos que corren de forma más rápida, gracias a internet). Es decir, en la capacidad de pensar, analizar, profundizar, relacionar, etc. Uniendo las reflexiones de este blog con las del comentario de Sol titulado "Gimnasia", creo que las personas estamos perdiendo la capacidad de pensar, de hacer gimnasia mental.
Actualmente no es raro encontrarse directivos con cantidad de información y de conocimiento, pero con falta de análisis riguroso y útil.
Opina en mi blog: Personas Humanas.
Saludos,
Raúl García.
En mi opinión, estamos asistiendo más bien a una revolución de información por la infinidad de datos disponibles, que sólo deberían ser un medio para el verdadero conocimiento.
Lo importante es que los medios nos conduzcan al fin, no a un resultado cualquiera y aleatorio, sino a una meta correcta y válida para el ser humano. Las informaciones sesgadas y superficiales hacen peligrar lo esencial de la persona: saber quién es para, así, actuar en consecuencia.
La carencia de filtros adecuados y la falta de profundización dificultan la sabiduría.
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