
Escribo estas líneas minutos después de que el tenista Rafael Nadal haya conquistado el trofeo de Roland Garros. Con 19 años, es uno de los ganadores
más jóvenes del torneo y el segundo que lo logra en su primera participación. Si una sociedad necesita un cierto equilibrio de buenas y malas noticias para no caer en una profunda depresión, el deporte aporta a nuestro país el mayor granero de satisfacciones (Nadal, como antes Ferrero, Moyá o los Sánchez Vicario en el mundo de la raqueta; Fernando Alonso en fórmula uno; Dani Pedrosa en motociclismo; Carlos Sainz en rallies; Sergio García, Miguel Ángel Jiménez o Chema Olazábal en golf; los gimnastas masculinos y femeninos; los maratonianos, los piragüistas, las selecciones de fútbol-sala, baloncesto masculino y femenino, balonmano...). Muchos quijotes para un país donde el deporte no es precisamente un prioridad. El éxito de nuestros atletas (en deportes individuales, pero también en varios de equipo, con la excepción del fútbol, inédito desde Barcelona 92) es fruto de nuestros entrenadores, desde el tío de Rafael Nadal (uno de sus dos entrenadores) a Juan Carlos Pastor, seleccionador nacional de balonmano.
Creo firmemente que, en líneas generales, la calidad de nuestros "coaches" en el mundo del deporte es muy superior a la de nuestros directivos, y esta semana he podido comprobarlo de muy de cerca.
El miércoles 1 de junio se puso en marcha el I Master en Gestión Deportiva organizado por la Real Federación Española de Fútbol y la Universidad de Castilla La Mancha, una iniciativa sólidamente coordinada por Javier Lozano (extraordinario entrenador, seleccionador de fútbol-sala que ha ganado en las dos últimas ocasiones el campeonato del mundo y es el vigente campeón de Europa) y Leonor Gallardo, una entusiasta profesora de la universidad especializada en gestión deportiva que ha aunado para el master a una serie de profesores de extraordinario talento. Leonor me ha concedido el privilegio de llevar adelante el módulo de gestión del talento, que contará con ocho profesores. Compartimos con Ángel María Villar, Presidente de la Federación, mesa y mantel para celebrar este acontecimiento. Los gerentes de clubs de distintas actividades deportivas necesitan mejorar su capacidad de gestión para que éstos sean más eficaces.
Este fin de semana la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (a través de la viceconsejería del deporte) ha organizado el curso "Liderazgo y Dirección de los deportes de equipo". El profesor Alberto Dorado ha contado con la participación de entrenadores de la categoría de Valero Rivera (que lo ha ganado todo en balonmano con el Barcelona), el mencionado Javier Lozano, Domingo Díaz (seleccionador nacional femenino de baloncesto), Luis Hernández (ex seleccionador nacional de voleibol), María Fernández Estolaza (ex seleccionadora nacional de gimnasia rítmica), Manuel Coloma (ex seleccionador nacional de baloncesto femenino), Gregorio Manzano (entrenador del Málaga C.F.), Xesco Espar (entrenador del Barcelona de balonmano), Juan Manuel Lillo (entrenador del Terrassa), Alberto Giráldez (responsable de las categorías inferiores del Real Madrid), los profesores de la Universidad de
Castilla La Mancha Enrique Hernando, Francisco Sánchez y Fernando Sánchez Bañuelos, los técnicos José María Buceta (psicólogo del Real Madrid), José Antonio Díaz Rincón (preparador físico de la selección española de fútbol-sala), los jugadores Miliko Pantic, José Luis Llorente, Rafael Pascual y Javier Sánchez Franco... y un servidor, para hablar de liderazgo y
liberación del talento. Los distintos ponentes demostraron una capacidad de liderar equipos hasta el punto de engrandecerlos, de entrenar a los jugadores para que den lo mejor de sí mismos, que no es de extrañar por qué los españoles ocupamos el podio con mayor frecuencia de la que nuestra demografía, poder económico y número de federados haría pensar. Ser entrenador deportivo es en general una cuestión de vocación, de pasión, de esfuerzo constante, propia de quijotes. Ser directivo suele ser cuestión de status, de mayor retribución, de derechos exclusivos (aparcamiento, tarjeta de crédito), de un despacho y de cierta autoridad formal. Se alcanza al ser promovido por disponer de capacidad técnica. Sin embargo, la mayor parte de los directivos fracasan por falta de visión estratégica, de sensibilidad ante los demás y de trabajar en equipo. Los "coaches" de éxito que han participado en este encuentro saben muy bien lo importante que es marcarse metas ambiciosas, establecer reglas de compromiso en el seno del equipo, de mantener la calma ante situaciones estresantes, seleccionar por actitud, delegar en los que juegan. Conocen (y preparan) el riesgo de fracasar inherente al éxito. Saben que no hay líder sin equipo ni equipo sin líder. Tienen muy claro que sólo las buenas personas pueden ser grandes profesionales.
Mi homenaje a estos hidalgos en La Mancha que persiguen un ideal y obtienen resultados extraordinarios. Se aprende muchísimo de ellos, como los asistentes a estas jornadas en Guadalajara. El día que nuestra calidad directiva sea equiparable a nuestra calidad deportiva, la productividad y la competitividad de nuestro país habrá dado un salto cuántico.