Propósitos de un directivo renovado
En los primeros escarceos de mi reentré laboral, he releído los propósitos que me hice durante el verano. A medida que iban pasando los días, a rebufo de familia y amigos, en pleno contacto con la naturaleza, mi mente se iba aquietando y sobre ella se posaba una idea central: no trates de aparentar ser el directivo perfecto, de volar como superman sobre las cumbres empresariales.Simplemente, dedícate a la aventura de ser persona. Inmerso en ese diálogo interior, algunos compromisos afloraban con fuerza, Preguntar más, escuchar. No tengo por qué tener todas las respuestas. No sé, es una contestación más, válida y honesta como pocas. He de granjearme el respeto y confianza de mis colaboradores, ejerciendo el poder con justicia y firmeza. Dirigir no es ganar una competición de popularidad. Mejorar la gestión de mi jefe, saber decir no. Si no soy libre e independiente, mi lealtad se transforma en servilismo.Sobre el ocio, serenidad activa, algunos imperativos. No estoy dispuesto a perderme la infancia de mis hijos, tampoco la espléndida madurez de mi mujer. Viajar más, empapándome de lugares y gentes nuevas. Mucha charla sobre la aldea global y cada vez soy más provinciano.
Servirme de las nuevas tecnologías con criterio y responsabilidad. Seré yo quien decida cuándo la sociedad entra en mi vida. Las jornadas de reuniones eternas y móviles histéricos pasaron a mejor vida
Voy a disfrutar del deporte sin convertirlo en terapia insufrible y cardiaca. Dormir, sin pastillas, con la placidez de la infancia. Seis horas, calidad, no cantidad. Reírme de mí mismo varias veces al día. Se acabó el perfeccionismo y la autoexigencia implacables
¡Caray!, repaso mis reflexiones estivales y ya noto el peso de la inercia de hábitos limitantes. Tonterías de tanto sol y playa, me dice una voz incrédula. Otra, más noble y fiable, me indica que son objetivos ambiciosos y alcanzables. Es la buena y la mala noticia. Sola y exclusivamente dependen de mí. No tengo excusas. ¿Cuándo empiezo? Mañana, ya volvemos a las andadas. Hoy, aquí, ahora; vale.
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1 Comentarios:
Poco a poco nos vamos acercando al período del turrón y de los "buenos propósitos". Ya sé de dos personas que dejarán de fumar el día 1 de enero de 2006. Los buenos propósitos y las buenas intenciones son muy fáciles de plantear, la cuestión es llevarlos a cabo y perseverar en el intento.
Uno de los problemas de los buenos propósitos es que no son el fruto de un proceso de toma de decisiones en toda regla (evidentemente hay más problemas, pero comentaré únicamente éste). Digo esto, porque si se realizara un proceso de toma de decisiones en toda regla se deberían cumplir 3 condiciones fundamentales:
1- Tener alternativas.
2- Tener dudas sobre la elección a realizar.
3- Dedicar el tiempo y el esfuerzo necesario para tomar la decisión.
En la formulación de buenos propósitos se cumplen la primera y segunda condición, y lamentablemente, no la tercera. Y por lo tanto, no le dedicamos el tiempo y el esfuerzo necesarios a esa importante decisión, y no analizamos de manera exhaustiva: los objetivos que nos marcamos, los subobjetivos, los plazos, los pros, los contras, los problemas futuros, las reacciones a esos problemas, planes de acción B, etc.
Y es que al final, en mi opinión, todo propósito debería ser una decisión tomada mediante un proceso de toma de decisiones pormenorizado. Así no se quedarían en agua de borrajas.
Opina en mi blog: Personas Humanas.
Saludos,
Raúl García.
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