FORJA Y NO FUNDICIÓN
Hace unos días, con ocasión de la clausura del Festival de Cine de San Sebastián, tuve la ocasión de visitar el Chillida-Leku, el museo del genial escultor en un jardín y caserío del siglo XVI.De las muchas muestras del pensamiento del maestro Chillida, me impresionó su idea de "Forja y no fundición". El artista era partidario de que el metal mantuviera sus propiedades para convertirse en obra de arte (forja) y por tanto no las perdiera mediante el calor (fundición).
Este concepto es muy aplicable al mundo de las organizaciones. Tanto en el desarrollo individual como en el de los equipos, deberíamos apostar por mantener la identidad del individuo en sí mismo y dentro del colectivo: forjar un carácter, forjar un equipo... y no caer en la trampa de lo que algún experto pedagogo ha llamado "Frankenstein, educador". De hecho, a la gestión por competencias (y al coaching prescriptivo) se les acusa de su intención, abierta u oculta, de "robotizar" en lugar de liberar talento. ¿Cómo forjar en lugar de fundir? El gran Eduardo Chillida nos da las claves: él gustaba de "dialogar" con los materiales de sus obras de arte. De extraer lo que como potencia les era propio. De comprender lo que sentían.
El paralelismo con los seres humanos es claro: en lugar de imposición, diálogo; en lugar de uniformidad, diversidad; en lugar de fanatismo, tolerancia. Reflexión y descubrimiento (juntos) como fundamento de la acción. La naturaleza (y el arte, que la imita) no concen atajos. La búsqueda de la supuesta eficiencia empresarial puede llevarnos a la imposición, a la uniformidad, al fanatismo de la única vía para pensar y actúar. Y así, sin darnos cuenta, las personas se queman, se funden... no se forjan.

3 Comentarios:
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Muy interesante reflexión, Juan Carlos. Para forjar, y adecuadamente, es necesario un verdadero artista que respete al individuo y su individualidad. Requiere, por parte de los forjadores, alta dosis de categoría humana y profesional y además mucha generosidad para abrirse, sin miedo, a esa alteridad. Para, lejos de anularla, sacar su máximo potencial.
Los que encuentran unos directivos-forjadores, que entienden y actúan de la forma que describes, son verdaderos afortunados.
Los grandes artistas, ya sean escultores, pintores, escritores, etc. señalan que mientras trabajan en su obra, ésta va tomando vida propia para guiarles hacia el resultado final. Su labor consiste, en muchos casos, en dejarse guiar.
Continuando con el acertadísimo símil artístico, propongo que marquemos nuestro propio camino. Que transmitamos a nuestros "forjadores" qué queremos llegar a ser. Que no seamos un trozo de barro, de metal, o un lienzo inerte que se deje hacer. También las personas debemos tomar nuestra propia responsabilidad en este proceso, que tan acertadamente ha denominado Juan Carlos, "forja". De tal forma, que aquellos que no han tenido la suerte de encontrar a esos directivos-forjadores que comenta Sol, sean capaces de "autoforjarse" ellos mismos.
Raúl García.
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