Responsabilidad de la Alta Dirección
Los clásicos son una fuente inagotable a la que puede y debe acudirse con frecuencia. Muchos ofrecen soluciones a problemas que consideramos nuevos.Releyendo en estos días la estupenda obra “De los deberes” (De officiis, I, 7), de Marco Tulio Cicerón, tuve ocasión de ver formulada de forma magistral la siguiente reflexión: “Dos géneros hay de injusticia, el de aquellos que la cometen, y el de aquellos que, pudiendo, no apartan la injusticia de quienes la padecen”. Y es que quienes cuentan con mandos intermedios que no reúnen las cualidades mínimas de gobierno, tienen la obligación grave o de formarles o de removerles. No hacer nada, cuando está en las propias manos resolver un problema, es tanto como hacerse cómplice de él. Muchos son los directivos que actúan correctamente, pero aún quedan algunos que se refugian en la estructura, que ellos mismos han creado, como si pudiesen lavarse las manos de los desmanes ejecutados por quienes ellos mantienen en puestos de mando.

3 Comentarios:
Al hablar de alta dirección, no se puede mencionar, desde mi punto de vista, la expresión "lavarse las manos". Aquellas personas que acceden a puestos de Alta Dirección ha de ser consecuentes con sus actuaciones y saber que son absolutamente responsables de todas las acciones de su cadena de mando.
El hecho de que un alto directivo se defienda de una acusación respondiendo: "Fulanito no hizo lo que tenía que hacer", no hace sino mostrar a alguien que no debería ocupar el cargo que ostenta. Si tu equipo no es bueno haz tú que sea mejor, pon lo medios para que rinda al nivel que se espera.
No se trata de que un alto directivo sea muy bueno y tenga unas cualidades excepcionales, sino de que haga mejor a aquellos que trabajan con él. En caso contrario, sólo se trata de un empleado que rinde más que los demás. Cualidad indispensable de un directivo (la propia palabra lo dice, alguien que dirige a los demás) es hacer que los demás hagan lo que han de hacer.
Efectivamente, Javier, ese no hacer nada es peligroso porque antes se detectan las acciones que las omisiones. El directivo responde de lo suyo y de todo lo que de él depende. Es fácil refugiarse en las torpezas de los otros como ajenas, pero si ésos otros dependen de uno, se convierten en torpezas propias. Y, además, torpezas de alto coste -monetario y en especie-.
Existen cada vez más referencias en el Management español para que los directivos mejoren como profesionales e, inseparablemente unido, como personas.
Sí, formarle o removerle pueden ser dos de las acciones que puede llevar a cabo un directivo para que un mando intermedio incompetente haga su trabajo. Pero, ¿cuándo utilizar una u otra?
¿Cuándo es rentable invertir en formar a una persona que no hace bien su trabajo? La respuesta: cuando no sabe hacerlo y quiere.
Y... ¿cuándo removerle? Cuando sabe hacerlo y no quiere.
¿Parece simple? Creo que no.
Raúl García.
Mi blog personal.
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