La resaca de la movida
Me encuentro, al regreso de mis vacaciones, un e-mail de la periodista Pilar Trucios, autora de un artículo (“Movida en RRHH”) sobre los muchos cambios que en las direcciones de recursos humanos hubo el pasado año.Su email es la cordial contestación (aunque con el retraso que debían sufrir los reyes españoles cuando esperaban la contestación a algún mensaje enviado a uno de los gobernadores de las Indias) a uno mío, por alusión directa en dicho artículo, y más aún, materia de este Blog, porque me interesaba analizar la causa de tal fenómeno más allá de los detalles de banquillo, especialmente para alguien que como yo que nunca se aprendió la alineación de ningún equipo de fútbol, ni coleccionaba cromos de deportistas en la infancia (me inclinaba más por los de aviones en aquella época).
Y como quiera que la contestación de Pilar Trucios, a la que hay que felicitar por haber escrito y descrito lo que muchos comentaban, y también por haber provocado un debate necesario, no profundiza en el análisis sino que, con toda razón, recuerda que, como en “Los Diez Negritos” de Agatha Christie, el proceso de “eliminación” no ha terminado (como en Blade Runner, podríamos decir en su lugar, “retirada”), pretendo apuntar, de nuevo, mi visión sobre el asunto, fruto, como todos los males que han asolado nuestro país desde la derrota de Trafalgar, de la convergencia de mil factores y otros mil espíritus rebeldes y tendentes a jugar con el destino de los pobres mortales.
Primera razón, y la más importante: España tiene un largo, documentado y estructural déficit en innovación. Los japoneses, que tuvieron mucho éxito hasta los años noventa, tampoco son demasiado innovadores, pero sí son excelentes en lo que James Utterback llama la fase de “innovación de procesos” (frente a la disruptiva y previa de “innovación de productos”). En nuestro caso gozamos de una nada aristotélicamente virtuosa mediocritud entre ambos extremos de innovación, y en tal “tierra de nadie” se complica la práctica del discurso “humanista” y, en la más larga tradición medieval, tales herejías se castigan con la hoguera profesional (digamos, el famoso “burn out”).
Segunda razón: El “síndrome del destape”. Después de tantos años sin acceso directo al mercado del erotismo en sus grados diversos, y después de una rápida explosión en los primeros ochenta, el español medio perdió en los años siguientes bastante interés por este mercado (el efecto péndulo), quizás hasta la llegada de internet que puede haber invertido la tendencia. Algo similar ocurre en el management y en especial en el más soft ligado al capital humano. Quizás en España se produjo cierta “intoxicación” por ingestión acelerada de herramientas de gestión de personas, sin que se respetasen los “tiempos de cocción” prudentes ni se complementase con el ejercicio físico y mental recomendable en los equipos directivos que hoy iniciaban la TQM, mañana el ABC, pasado el BSC (como en el anuncio del Golf, hasta llegar al ETC).
Tercera razón: Cierta dosis de quijotes. Sí, a veces el director de RRHH ha (hemos) visto castillos donde sólo había ventas de arrieros, y celadas doradas donde había bacías de barbero, e incluso escuchando la voz sensata de algún fiel escudero, hemos clavado las espuelas en nuestro pobre Rocinante para desfacer entuertos inexistentes. Como tantos profesionales de este mundo (o profesionistas como dicen en México, donde he pasado el último mes, y donde profesional es sinónimo de “sexoservidora”, expresión también curiosa) de los RR.HH., considero que el modelo de Ulrich es un excelente referente sobre el rol del equipo de gestión de personas de una organización en sus cuatro perspectivas (en inglés): strategic partner, administrative expert, employee champion y change agent. Es posible que, en ocasiones, desde recursos humanos, y con la mejor intención, se haya roto este inestable equilibrio en cuatro dimensiones, enfocando con intensidad el papel de “agente del cambio” y quizás descuidando otros más en la línea de flotación de comité de dirección o de los propietarios de la empresa.
No me extiendo más, dejo a otros miembros de este blog el dar continuidad al porqué de estos cambios, porque respecto al quién y, en general, sobre el estado del banquillo y sus vaivenes ya habrá quien nos informe con la mayor exactitud.

2 Comentarios:
Sin duda las razonas que apuntas me quedo con la primera de ellas, la falta de innovación.
La semana pasada tuve la gran suerte de ver la última comedia de Jorge Coira "El año de la Garrapata", simpático film que pretende ser una crítica a todos aquellos treintañeros que aun no han salido del nido familiar. Pero como toda broma lleva un 50% de verdad, la película también nos muestra una generación preocupada en tener un trabajo (el que sea) que ven como una condena y no como una ocupación que les permita desarrollar sus capacidades. Es decir, yo voy estoy mis 8 horas y me piro, dándome igual por qué hago lo que hago y sólo me preocupo de hacerlo el mínimo para que se note que he estado allí.
Una visión un poco triste de las inquietudes de la juventud española. Aquí, ya pueden entrar otros factores en juego, como pudieran ser el papel no-motivador de la univiersidad (algo que también queda patente en el film) pero eso sería objeto de otra discusión.
Resumiendo, somos poco innovadores, porque no nos preocupa innovar, y no identificamos el hecho de innovar como una necesidad sino como algo que ya harán los demás.
Comparto plenamente sus valoraciones Samuel. De hecho me hacen recordar una película clásica de Akira Kurosawa en que un viejo funcionario de la administración japonesa caía enfermo y se preocupaba enormemente por su ausencia prolongada al puesto, no tanto por las tareas pendientes, sino, al contrario, porque sus compañeros pudieran detectar el que no pasaba nada (nada fallaba) sin que él estuviese sentado en su mesa durante largo tiempo.
Efectivamente la innovación es cosa de todos, y no sólo desde RR.HH. sino también desde el compromiso personal y profesional de cada trabajador, sea cual sea su puesto, es posible innovar y añadir valor a la compañía (lo cual generá, además, una gran satisfacción personal).
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