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jueves, septiembre 08, 2005

La gestión de las emociones: cualidad de líderes


Uno no puede ser mejor líder que persona. Es imposible liderar con efectividad si se carece de competencias emocionales y conversacionales, además de unos sólidos valores y principios. Si hay una cualidad deseada por la mayoría de los directivos es un alto rendimiento en situaciones de cambio y presión creciente. ¿Qué creen que hace que algunas personas brillen bajo presión y otras se apaguen? Estoy seguro de que, entre otras competencias, está la adecuada gestión de los sentimientos, tanto propios como ajenos, a nivel individual como colectivo.

Se ha hablado mucho de inteligencia y competencias emocionales. Y parece incuestionable su influencia en el éxito y desarrollo profesionales. Sin embargo, casi todos los autores inciden en esta cuestión desde una óptica individual. El profesor Javier Fernández Aguado, ha señalado que puede y debe tratarse este hecho desde una óptica colectiva: también los equipos y las organizaciones se entusiasman y se deprimen, se alegran y se entristecen. Es por tanto posible –concluye el pensador español- aplicar a nivel grupal todas las metodologías y competencias emocionales que tantas veces se han descrito y recomendado a nivel del individuo. Así lo ha analizado en diversas obras, y fundamentalmente en Feelings Management: Una aplicación práctica. La Gestión de los Sentimientos Organizativos (2005).

La desinteligencia emocional no sólo afecta a la persona. También los equipos –incide el profesor Fernández Aguado- pueden ser víctima de una inadecuada gestión de las emociones y los sentimientos. ¿Cuántos planteamientos de negocio mueren en el mismo papel en el que nacieron?, ¿cuántos planes de expansión y crecimiento fueron frustrados por una razón casi inexplicable?, ¿cuántos equipos y departamentos mueren ahogados en el éxito de sus logros?, ¿cuántos ilusionantes proyectos se tornan en viejos y monótonos deseos de unos pocos, mientras la realidad se empeña en demostrar su imposibilidad?

Es difícil imaginar a un directivo que no haya vivido alguna de estas experiencias. Los grandes proyectos comienzan con un sueño. Y su consecución requiere equipos de personas y profesionales ilusionados que sientan y crean en lo que hacen. Gestionar emociones es, sin duda, una competencia ineludible del directivo “emergente” que liderará las organizaciones de éxito del siglo XXI.

3 Comentarios:

A las 11:24 AM, Sol Quesada, colaboradora de MindValue dijo...

Ovidio: estoy de acuerdo en todo lo que dices y con el interesante libro que mencionas, el cual he leído y recomiendo. Quería hacer una reflexión sobre este tema clave del management actual –y futuro-.

La falta de atención a los sentimientos en el ámbito laboral quizás pueda estar originada en parte al individualismo que, cada vez con más intensidad, invade nuestra sociedad y también la empresa. Esa independencia de los demás, mal entendida, hace que nos desentendamos de alguna manera, de las percepciones subjetivas de las personas con las que trabajamos. Por miedo o por incapacidad.

Debe el directivo penetrar, siempre con un límite natural, en la franja más humana de sus colaboradores. Sólo así éstos se ilusionarán y aportarán lo mejor como profesionales.

 
A las 5:29 PM, Raúl García dijo...

Voy a crear un poco de debate (bueno, a ver si lo consigo).

Cuando leo textos como los que aparecen aquí arriba (de Ovidio y de Sol), creo que a veces caemos en el error de pensar que vivimos en los "Mundos de Yupi" (mundo fantástico e idílico, pero inexistente).

Estoy plenamente convencido de que existen personas, trabajadores, a los que es imposible "gestionar sus emociones". Esas personas no saben gestionar sus propias emociones, por lo que sobrerreaccionan continuamente. Yo puedo autocontrolar mis emociones, ser empático y atender a las de los demás, incluso intentar gestionarlas. Pero hay personas que no quieren cambiar sus emociones, poseen un punto fijo emocional (Wessler) que es difícilmente modificable a no ser que ellos mismo hagan el esfuerzo.

Con ese tipo de personas son los que hay que lidiar en el día a día, no con las personas que se ilusionan inmediatamente cuando les propones algo nuevo, las que se motivan por su trabajo dándolas una palmadita en la espalda o las que se sienten parte del equipo cuando el jefe les da los buenos días. Esas no son las personas que dan problemas.

Y en las empresas, por suerte, nos encontramos con los dos tipos.

 
A las 6:15 PM, Anonymous dijo...

Raúl tienes toda la razón del mundo. Si una persona está motivada al 100% no hace falta gestionar sus emociones, ya que no hay duda de que esa persona las gestionará solita.

Sin embargo, lo que un buen directivo (y con el término directivo no me refiero a ese personaje con traje y corbata que cierra contratos millonarios, sino a cualquiera que gestione un equipo de más de tres personas, sea cual fuere el rango de su actividad profesional)tiene que conseguir gestionar las emociones de sus subordinados, es decir, conseguir que las personas que trabajan con él se identifiquen con el objetivo común del grupo, que lo vean como algo posible, que les beneficia a ellos y como algo con lo que se pueden identificar.

No se trata de vivir en un mundo idílico sino de explicar el por qué de las cosas para no caer en el esto se hace porque lo digo yo. Conseguir que la gente trabaje a gusto con su cometido.

Hay trabajos en los que será mucho más difícil conseguir motivar a tus empleados pero he ahí la magia de gestionar las emociones, ya que las emociones también tienen que ver con la interdepencia que existe entre las personas y no exclusivamente con la tarea que desempeñas.

Evidentemente, decir todo esto es muy fácil, conseguirlo es todo un reto.

 

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