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miércoles, agosto 31, 2005

Respetar el tiempo

Espacio y tiempo, coordenadas básicas del ser humano, están siendo agredidas en el momento actual, no sin perjuicio para él mismo.

El espacio ha sido anulado y relativizado por Internet, como ya comenté en un reciente blog titulado Muro Virtual. Las barreras espaciales, superadas por la electrónica, podrían dar paso a otro tipo de incomunicación en el mundo virtual que, cada vez más, sustituye al presencial.

Quería comentar ahora la segunda variable, afectada también, quizá de forma más sutil. Se trata del tiempo, con sus plazos y cadencias. Plantearse la Navidad en octubre, las vacaciones de verano en febrero, matricular al nonato, etc. implica dar zancadas que distorsionan el natural paso humano. Cabeza y cuerpo necesitan situarse en el mismo espacio temporal.

Cada momento, circunstancia y plazo contiene un significado en sí mismo que no todos son capaces de apreciar. Tratar de acelerarlo -o ralentizarlo- implica olvidar la naturaleza propia de los acontecimientos. Las personas y organizaciones están marcadas por un ritmo interno, que es preciso respetar. Se puede influir en su velocidad, pero forzarla conlleva riesgos en ocasiones poco controlados.

Dejemos al tiempo llegar a su hora, sin atropellos ni ansiedades. El presente es lo único que verdaderamente nos pertenece; es preferible vivirlo al 100% de su potencialidad, sin instalarnos en futuros posibles ni en pasados cómodos, tamizados por una imaginación y memoria sesgadas siempre a nuestro favor.

Anticipar escenarios próximos difiere de asentarse en un futuro continuo, que apagaría las luces del único presente real. Las previsiones a medio y largo plazo son necesarias para personas y empresas, pero se trata de un paréntesis abierto que debe, en algún momento, cerrarse para volver al hoy.

El funcionamiento excesivamente rápido paraliza, paradójicamente, el desarrollo antropológico.

3 Comentarios:

A las 11:40 AM, Daniel Velamanzan dijo...

Estoy de acuerdo en parte con tu artículo. Es verdad que los espacios del ser humano se están relativizando gracias a las nuevas tecnologías. Sin embargo creo que eso no es malo ya que abre un abanico de posibilidades amplisímo para todos nosotros, no sólo en el plano laboral sino también en el personal.

Hoy en día es mucho más fácil llevar una relación a distancia y aquellas personas que por motivos laborales tenemos que frecuentar el extranjero no nos sentimos tan lejos de nuestros seres queridos, lo cual hace más llevaderos los famosos 'viajes de trabajo'. Por lo tanto no creo que se esté agrediendo el espacio del ser humano sino ampliándose.

No obstante sí que es abrumador el hecho al que te refieres con respecto al tiempo. Aún estamos en verano y 'El Corte Inglés' ya nos está haciendo pensar en la moda que se llevará esté invierno y ni que decir tiene que a finales de mes un simpático señor, algo pasado de kilos, y con una enorme barba blanca, no recordará que los regalos ya no llegan el 6 de enero, y que la Navidad está a la vuelta de esquina. Esto último supongo que es otro efecto de la sociedad consumista en la que vivmos ¡No todo van a ser ventajas!

 
A las 4:01 PM, Sol Quesada, colaboradora de MindValue dijo...

Daniel, gracias por tu contestación. No es mi intención ir en contra de los avances tecnológicos, que son tan necesarios como inevitables. Sí pretendo reflexionar sobre el peligro de desconectar con la realidad más próxima, lo cual supondría más que progreso, un fatal retroceso.

Y también considerar el todavía numeroso público que no ha dado el salto virtual –algunos nunca lo harán-. La velocidad de los cambios puede que nos deshumanice, si no estamos al tanto.

Con respecto al tiempo, creo que es evitable –o debería serlo- insertarnos en esa rueda imparable que desgasta al ser humano. Puede que sea una consecuencia de la sociedad de consumo actual, pero el ritmo lo marcamos nosotros, al menos nos lo podemos proponer como reto.

 
A las 8:27 AM, Raúl García dijo...

Lo común provoca lo excepcional.

Con mi agenda planifico semanalmente mi trabajo, cierro reuniones a un mes vista e incluso más allá. Preveo qué voy a comer y cenar durante la semana y voy a comprar con mi lista (sí, de las que se escriben en papel, en casa, con un lápiz), pensando el viernes qué comeré el próximo jueves. Estoy pendiente de los cumpleaños del mes para que no me pille el toro y poder comprar un bonito regalo a alguien que aprecio.

El estrés se produce cuando uno no puede hacer frente a las demandas del momento (o cree que no podrá hacer frente a las del futuro), ésta es una de las razones por las que planificamos, es decir, nos adelantamos a los acontecimientos.

Pero me encanta estar una tarde paseando por la ciudad e inesperadamente entrar en un cine, sin haberlo previsto, sin haberlo planificado... Me encanta por lo excepcional (que se aparta de lo ordinario o común). Si no planificara, probablemente estaría estresado en mayor o menor medida. Y sobre todo... no degustaría el placer de hacer lo que me diese la gana cuando quisiera.

Raúl García.
Mi blog.

 

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