Muro Virtual
Muchos ejecutivos viven obsesionados entre datos y ratios, para quienes el portátil y la evolución bursátil resultan vitales. Pero algunos olvidan que trabajan no exclusivamente para su desarrollo y enriquecimiento personal, sino para la sociedad: el buen hacer profesional implica servicio, preocupación por la cobertura de necesidades ajenas, que es preciso conocer, acercándose a ellas; bajando a la realidad ciudadana en algún momento.El mundo no es sólo como lo ven los excesivamente virtuales: filtrado por la secretaria que les hace inaccesibles; unidos por el móvil al partner antípoda; programados al minuto por una exhaustiva agenda; repletos de viajes agotadores.
Sin declinar el desarrollo tecnológico propio de nuestro tiempo, se trata de contemplar la realidad inmediata, que tanto enseña. Gracias a esos avances, lo lejano se hace cercano, pero lo próximo no debería distanciarse tanto que resulte casi imperceptible. Los Superhombres (hombre según la R.A.E. es ‘ser animado racional, varón o mujer’) de plástico, se pierden lo mejor de las personas; los Sujetos de Alta Velocidad, desprecian con su indiferencia la realidad que rozan; los desarraigados, se apresuran hacia ninguna parte; los estrategas del futuro se ausentan del presente.
Es una falacia pensar que todos han dado el salto al mundo virtual. Unos han podido, otros lo temen; aquellos no quieren porque piensan que no pueden; para los de cierta edad, un escalón demasiado empinado. En el mundo de hoy, la intrépida evolución informática y técnica diferencia dos velocidades de forma patente y a veces cruel. Es posible – y muy necesario- progresar sin perder humanidad.
La tecnología está derribando muros jamás imaginados por el ser humano. Pero ¡alerta! no permitamos que se levante a nuestro alrededor otro muro –virtual- que nos aísle de la realidad humana próxima.

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