El placer de cuadrar
Similar a la sensación que produce el comer en el hambriento o la velocidad de la moto en el joven desaprensivo, existe el placer en el cuadre de contabilidad. Jamás se pensó que esta materia proporcionara percepciones tan poco monetarias.El cuadre es la comprobación de lo bien hecho, refleja la perfección alcanzada en una tarea. Es el permiso para relajarse y descansar, demostración de la ausencia de error. Es un proceso que termina adecuadamente, para dejar paso al siguiente hito en la cadena cíclica de la información empresarial.
Entenderán estas líneas quienes hayan sido invadidos por el desasosiego de un descuadre. Sólo el orden y la paciencia de volver atrás para repasar e investigar son el camino para un final feliz cuadrado. En las cuentas hay que ser serios...sin estar serios.
Cuadrar es el final de un proceso bien concebido teóricamente e implementado de forma correcta. Aporta seguridad al dato, que es debidamente analizado para la posterior toma eficaz de decisiones.
En pleno cierre de ejercicio anual y de semestre, que nadie pretenda cuadrar –en sentido amplio- de forma casual o aleatoria. Aquí tampoco existe improvisación: los procesos de información se definen coherentemente, se cumplen, se mejoran, se corrigen a través del feeback. Si todo esto ha ido bien, podría cuadrar: todo final es incierto, contiene cierta dosis de sorpresa. Controlar el proceso significa posicionarse de forma correcta para finalizar satisfactoriamente. El cuadre llega con su placer asociado. Y este placer crea dependencia.

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