Respuesta Ausente
Muchas preguntas parecen boomerangs lanzados, sin retorno. La espera de una contestación que quizá nunca llegue es como introducirse en un túnel de final incierto. La sensación de permanecer maniatado impide tomar decisiones, al depender de la reacción de un tercero que se autoerige jugador de posibilidades ajenas expropiando, sin respaldo legal, la dignidad de otro. En estas esperas inútilmente prolongadas, los minutos parecen días; las semanas, años; los años, eternidad.Abrir cauces de diálogo es fácil; más difícil resulta la interacción. Cerrar temas, inusual. Y es que toda contestación requiere el esfuerzo de salir de uno mismo para atender una necesidad ajena.
A través de esas réplicas recibidas a tiempo, que no son lujo ni concesión sino débito, la persona palpa su dignidad. Contestaciones esclarecedoras que facilitan aportar lo mejor de uno mismo al sentirse impulsado, orientado y defendido. Respuestas donde, en ocasiones, el contenido no ocupa, paradójicamente, un puesto relevante. Respuestas que liberan a la persona porque le permiten decidir el siguiente paso.
Deseable es que el directivo, deudor de tantas respuestas, comprenda la trascendencia de sus silencios mantenidos. Contestar adecuadamente posee una notable carga de humanidad y profesionalidad: multiplica la efectividad de personas y organizaciones.

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