José Ramón Losana, un líder y un consejo
El 28 de mayo, de madrugada, salí de Madrid camino de la Clínica Universitaria de Navarra, en Pamplona. Iba a despedirme de un gran amigo, José Ramón Losana.Conocí a José Ramón hace una década. Desde el primero momento surgió una amistad que el tiempo y múltiples conversaciones consolidaron. Almorzábamos con frecuencia. Una de esas veces fue en agosto del año pasado, muy poco antes de saber del cáncer que se le ha llevado al Cielo. Luego, a lo largo de este curso, lo hicimos algunas veces más. Siempre, hasta el último día, ha transmitido su visión optimista y sobrenatural de la existencia.
Agradecía a Tajamar, colegio vallecano en el que estudió, llegar donde había llegado: muy alto tanto en lo profesional como en lo personal.
Estuvimos hablando un rato. No mucho, porque estaba cansado. Además de las confidencias propias de los buenos amigos, salieron a relucir otras cuestiones. Una de ellas, la preocupación por sus hijos -¡doce!- que fueron siempre su mayor alegría, además de su principal motor para una incansable labor.
Me dijo:
-La manifestación del 18 de junio la veré desde el Cielo.
Así va a ser, en efecto. Luchador grandioso de la institución familiar, era, sobre todo, una buena persona.
Al despedirnos, me dijo:
-¡Hasta siempre!
Los dos sabíamos que era la última vez que nos veíamos en esta tierra. Ahora, seguro, desde el Paraíso, seguirá impulsando todos aquellos proyectos por los que dio su vida.
Tras hablar con Elena, su extraordinaria esposa, y con Pablo, uno de sus hijos, me fui llorando. Pero también muy alegre por haberle conocido y haber disfrutado de su amistad.”

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