Dignidad e interdependencia

“No sois vos, soy yo” ha sido el gran éxito de la temporada en su país. Con guión y dirección de Juan Taratuto, plantea la vida de Javier (el inconfundible Diego Peretti), que se siente solo y abandonado por su novia María (Soledad Villamil, a quien ya disfrutamos en “El mismo amor, la misma lluvia”). Si Ortega nos enseñó que “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, en el protagonista la circunstancia (la dependencia de María) sustituye al yo. Javier no sabe quién es sin su pareja. Está sin casa, sin “laburo” (trabajo) y desconcertado ante la incertidumbre de que María pueda o no volver. Se hace la víctima, frecuenta a un psicoanalista (fantástico Marcos Mundstock, de “Les luthiers”) y hasta se compra un gran danés que, según el veterinario que se lo vende, “no va a crecer”. En esa búsqueda, ante la adversidad y con la ayuda de Julia (una buena persona interpretada por Cecilia Dopazo), encauza su vida y comienza a ser él mismo. Se trata de una tragicomedia que bien podría simbolizar a la propia Argentina, pendiente con frecuencia de sus políticos, del FMI y del entorno... y no tanto de liberar su propio talento.
“El ocaso del samurai” parece muy distinta en el planteamiento, pero en el fondo trata de un tema similar: la dignidad humana. Dirigida por Yoji Yamada, presentada en el festival de Berlín, ganadora de doce premios de la Academia de Cine Japonés y nominada al Oscar a la mejor película extranjera, está basada en una serie de cuentos de Shuhei Fujisawa. Trata de un samurai de rango inferior, poco antes del inicio de la era Meiji (1865). Viudo, padre de dos hijas (es la menor de ellas, de cinco años, la que cuenta la historia) y al cuidado de su enferma madre, subsiste con un mísero salario. Sus ideales, su hidalguía, su valores, se mantienen intactos a pesar de las dificultades en el amor, en el servicio, en el papel que le toca jugar. Nos cuenta su hija que, según los amigos de este samurai, no tuvo suerte en su vida; pero ella no está de acuerdo. Es una bellísima película, de estéticos silencios y personajes muy bien definidos en el norte del archipiélago nipón.
El amigo que me aconsejó ambas películas probablemente también había avanzado mucho en su propio proceso de fortalecimiento personal, de madurez, de separación del rol y la persona, como Javier y el samurai Seibei Iguchi en sus respectivas películas. Y por ello deseaba que los demás nos aprovecháramos de tan valiosas lecciones.

1 Comentarios:
Concuerdo totalmente con tu comentario de la película argentina que me ha hecho reir, dentro del "drama" del personaje, como hace tiempo que no reía.
Pero debe hacerte una corrección: no se llama "No sois vos..." sino "No sos vos..." que es la forma de voseo argentino.
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