
Durante muchos años me he dedicado a asesorar a responsables de Recursos Humanos acerca de lo estratégico de su función. Y ahora que me ha tocado la responsabilidad de un departamento de operaciones (en una Universidad) soy todavía más consciente de lo importante que resulta que los servicios de apoyo no sólo lo sean, sino que lo parezcan. En los últimos dos años, no exagero si digo que más del 60% de las demandas de mis unidades de negocio (Facultades y Escuelas) se refieren a la dificultad para que los de sistemas, control de gestión y recursos humanos se hagan cargo de que un recurso no es una casilla más en su hoja de Excel, o que si afinamos tanto los recursos presentes podemos estar matando las capacidades futuras. Lo bueno del caso, o quizás lo malo, es que yo me sigo sintiendo alguien de Recursos Humanos. Y me resisto a pensar que tendría que dedicar el 60 % de mi tiempo a explicar el negocio a los de los servicios de apoyo. ¿Será que no queda más remedio?
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